y tú, ¿te atreves?

viernes, 5 de junio de 2009

La Servilleta

Parte I - II

Así sucedió. Me pidió que le dejara un rato solo. Lo estaba esperando. Marché para la habitación mostrando mi erección, todavía más excitado por lo que vendría a continuación. Los gemidos de la peli se podían oír claramente desde cualquier lugar de la casa. En la habitación, me quedaba totalmente desnudo, totalmente excitado, totalmente expectante. Me tumbaba en la cama y me imaginaba como se desnudaba, dejando el pantalón a la altura de las rodillas. Esto lo hacía por si yo salía de la habitación, poder tapar sus partes lo más rápidamente posible. Pero no sabe que yo esperaba pacientemente a que terminara. Imaginaba como empezaba a masturbarse, como recorría lentamente su erección una y otra vez con su mano, como se masturbaba cada vez más rápido hasta conseguir la eyaculación. Me imaginaba su esperma salir de su miembro, caer sobre mi miembro. Pero eyaculaba empapando la servilleta de papel colocada sobre sus abdominales. Me lo imaginaba respirando costosamente, manteniendo la respiración. Me tenía que controlar para no eyacular yo también al pensar en su masturbación. Escuché el silbido típico de que ha terminado. Me puse el pantalón y salí al comedor con una gran erección. No estaba, estaba en la cocina eliminando las pruebas de su placer. Ahora me tocaba a mí. Siempre decía lo mismo, “mañana más” y se metía en la habitación. Ya no saldría en toda la noche.


Tras esperar los cinco minutos de rigor, me dirigí a la cocina. Sabía donde buscar, sabía lo que encontraría. Aunque parezca un poco “guarro” y poco higiénico, cogía el papel donde había eyaculado. Sentía la humedad pegajosa en mis manos al cogerlo. Esto me ponía todavía más excitado, la lujuria me invade en esos momentos. No podía ver como eyaculaba, pero podía sentir el calor de su cuerpo, la furia de sus eyaculaciones. Volvía al comedor con mi trofeo y me tumbaba a ver la peli. No me hacía falta ver la peli para terminar de masturbarme. Podía hacerlo incluso sin luces. Humedecía mi erección con la servilleta empapada con su esperma. Jugaba con el esperma que había en la servilleta, todavía estaba caliente. Caliente y húmedo. Recorría con ella mi erección, viendo como se empapaba de su esperma. Su esperma en mi erección. Esto me hacía tener una erección descomunal, una erección que pedía a gritos terminar con el sufrimiento y volcar todo mi esperma sobre la misma servilleta donde él había eyaculado. Me volvía loco. Rodeaba mi miembro con la servilleta, cerrando la mano suavemente sobre ambas cosas. Notaba como resbalaba sobre mi erección, como su esperma llenaba mi miembro, humedeciendo mi mano. No tardé en eyacular, mezclando los dos espermas en la misma servilleta.


La primera vez que lo hice, la eyaculación fue descomunal, como nunca antes la había tenido. Ocurrió en su casa y fue de casualidad. Se le olvidó eliminar las pruebas y no pude resistir la tentación. Desde entonces, lo he hecho unas cuantas veces. Hoy en día ya no lo hago, ya no tenemos esos momentos de intimidad. Pero, en ocasiones, me he masturbado pensando en ello. Es superior a mí, es parte de mi placer oculto, de mis secretos prohibidos, de mis fetiches.

1 comentario:

Stanley Kowalski dijo...

Un relato tan vívido que hay momentos en que no se sabe si es realidad o ficción. Muy bueno.


Gracias por el comentario, siempre tan amable y considerado.

BESOTES GUAPO

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