y tú, ¿te atreves?

viernes, 29 de mayo de 2009

La Servilleta

Parte I - II


Terminé de recoger la mesa mientras Cristián se duchaba. Deseaba que terminara, quería verle en pantalón corto, sin camiseta y recién duchado. Esta noche podría pasar algo, nunca se sabe. Estábamos solos en el campo. Se habían marchado todos al concierto y dormirían en la ciudad. Una noche solos Cristián y yo. Cada viaje que realizaba para llevar cosas a la cocina, aprovechaba para echar un vistazo al aseo donde se estaba duchando. Eran momentos fugaces, pero me ponían cachondísimo. Verle en la ducha era una de mis fantasías. Su cuerpo desnudo, húmedo. Me encantaba esa imagen. Decidí no pasar más por la puerta, pues me estaba poniendo a cien. Terminé por encender la tele y esperarle.

Apareció vestido tal y como yo esperaba, solo con un pantalón corto de deporte, sin ropa interior y sin camiseta. Se sentó en el sofá e intercambiamos comentarios sobre las horas anteriores. Tras un rato charlando, me marché para ducharme yo también. Quería quitarme el sudor y estar más fresco, por si acaso. Cristián se quedó viendo la tele. Dejé la puerta del baño abierta a propósito. No se muy bien por qué, pero creo que era por el morbo. Me daba mucho morbo. Una vez duchado, me puse un pantalón corto de deporte, sin ropa interior. El pantalón que elegí para esa noche era de color blanco, y me venía un poco grande. Se quedaba un poco más bajo de la cintura, dejando ver un poco de pelo de mi pubis. Imaginaba lo que iba a pasar a continuación, y estaba preparado.

Me senté en el sillón que hay junto al sofá. Desde mi posición, le podía ver completamente. Lo había preparado estratégicamente para poder verle sin que se fijara mucho en mí. Le veía tumbado en el sofá, con las piernas hacia donde yo estaba. La cabeza la tenía apoyada en el sofá, viendo la tele. Tenía unas piernas musculosas gracias al fútbol y al gimnasio. El pantalón le quedaba por encima de las rodillas, pero no me dejaba ver nada de lo que ocultaba. Sería cuestión de esperar.


Haciendo zapping por la tele, había canales locales que echaban pelis porno. Dejó uno de estos canales. Siempre lo hacía y a mí me encantaba que lo hiciese. Como estábamos solos en el campo, no era necesario bajar el volumen de la tele. Esto dejaba oírse bien claro los gemidos y suspiros de la peli. Esto le ponía cachondo, lo había notado en otras ocasiones. A mí me ponía cachondo la situación, su compañía en situaciones de tono subido. Yo fingía ver la tele, pero le miraba a él. Miraba la zona donde estaba su miembro. Se empezaba a notar una erección bajo su pantalón. Yo estaba totalmente empalmado, excitado por ver como subía su erección bajo el pantalón. De vez en cuando, miraba hacia donde yo estaba, pero lo tenía controlado. Sabía cuando me iba a mirar. Siempre utilizaba la misma fórmula. Se movía un poco y aprovechaba para mirar disimuladamente. Al principio, esto me confundía un poco. No sabía por qué lo hacía. Si por mirarme o por saber si le estaba mirando. En cualquier caso, siempre apartaba la vista antes de que me viera. Ahora estaba de lado, con una pierna sobre la otra. Siempre intenta disimular su erección, pero nunca lo conseguía. El echo de no llevar ropa interior favorece que se note más. Volvió a cambiar de postura, poniéndose boca arriba. Decidí ir a por agua, aprovechando la ocasión para mostrar mi erección, para mostrar la tienda de campaña de mis pantalones. Cuando volví, seguía en la misma postura. Me volví a sentar en el mismo sillón, debía seguir observándole. Puso su mano sobre el pantalón, en la zona donde se notaba su erección. Yo hice lo mismo, pero a diferencia de él, me acariciaba, movía la mano sobre mi miembro. Me pidió que apagara la luz. Le complací, ya que tenía que pasar por delante de él para hacerlo. El pantalón que llevaba dejaba ver el inicio de mi miembro. Me excitaba pasar por delante de él en esta situación. Él ni siquiera me miraba. Daba igual. Yo sí le miraba a él.


Una vez con la luz apagada, volví a mi sillón dispuesto a seguir con el placer que debería venir a continuación. En mi pantalón blanco, ya se notaba una pequeña mancha de humedad, humedad producida por el líquido pre-seminal. Su tienda de campaña estaba en todo su esplendor. No tardaría mucho en marcharse, o en pedirme que le dejara solo unos minutos. Siempre sucedía lo mismo. Lo dejaba solo en el comedor o se marchaba a la habitación, a terminar el placer que sentía, a empezar con una masturbación en toda regla. En mis días mas cachondos, lo dejaba solo en el comedor. Sabía que se masturbaría viendo la peli porno, sabía que eyacularía sobre unas servilletas de papel que después dejaba disimuladamente en la bolsa de basura… esta era una de esas noches.

2 comentarios:

Stanley Kowalski dijo...

Me gustó mucho el relato, muy bien sostenido el clima erótico. Muy bueno.

Gracias por el comentario, sos encantador.

BESOTES Y BUEN FINDE

BELMAR dijo...

buen relato!!

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