y tú, ¿te atreves?

jueves, 30 de abril de 2009

La pared invisible

Parte I-II-III

Extendí la mano recorriendo la cama, buscando el cuerpo de mi delirio. Notaba el calor de su cuerpo aún entre las sábanas. Mis manos llegaron a su cuerpo. Mis dedos se posaron sobre su espalda. Noté un movimiento imperceptible, me estaba esperando. Deslicé la mano por su espalda, desde la nuca hasta la zona donde la espalda pierde su nombre. Repetí este movimiento un par de veces, soñando con lo que iba a pasar a continuación. Nada cambió. No reaccionó. Estaba inmóvil. Que he hecho. Repetí la acción otras tres veces, pero todo seguía sin tener respuesta. Mi mano se detuvo en la zona más baja de la espalda, y mis dedos se desplazaron hacia el lado, buscando su cintura. Llegué a ella, y el mundo seguía detenido. El tiempo no pasaba. Nada cambiaba. Retiré mi mano y volví a replegarme en mi cuerpo. Me di la vuelta y ahí estaba, la pared invisible seguía delante de mí. Pero ahora, veía la sombra de una fantasía, la sombra de un sueño. Pero la realidad volvió para atormentarme, para excitarme, para devorarme. Sus manos estaban de nuevo en mi espalda. Sentí ganas de llorar, de girarme y abrazarlo. Pero no pude. La pasión me había dejado inmóvil, a punto de estallar sin haber llorado con su pasión. Empezó a acariciarme la espalda, en todas las direcciones, sin orden alguno. Esto me hacía sentir escalofríos, escalofríos de placer por el suave tacto de su piel sobre mi cuerpo. Se acercó, notaba de nuevo su aliento en mi nuca, pero ahora me quemaba el calor. Estábamos casi juntos, a un par de centímetros el uno del otro. Sus brazos estaban ahora entre nosotros, tocando los dos cuerpos. Su tacto era dulcemente intenso. Me leía cada pensamiento, cada deseo. Deseaba que me tocara más cerca de mis partes íntimas, y así lo hizo. Ahora, sus manos eran libres para vagar por mi espalda, por mi cuerpo. Volví a notar algo apoyado en el slip, algo que palpitaba más rápido que la primera vez. Empezó a hacer movimientos con su pelvis, deslizándose por mis nalgas. Se detuvo. Notaba la punta de algo sobre mi cuerpo, haciendo fuerza para entrar. Sabía lo que era. Sus manos estaban más cerca, más próximas a mi slip. Esperaba algo. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando algo que sabía, algo que deseaba. Noté un calor intenso sobre las yemas de mis dedos, era su miembro. Lo cogí con las manos, lo abracé con mis dedos. Palpitaba, estaba vivo, quería vivir. Disfrutar una vez más de los placeres de la vida. Deslicé mi mano hacia atrás, buscando el final, su principio. Todavía llevaba el boxer puesto. Moví lentamente mi mano sobre el objeto de mi fantasía, con suaves movimientos de precisión. El susurro volvió a hacerse escuchar, gritando en el silencio - No tenemos que hacer nada que no queramos. Podemos hacerlo todo sin hacer nada, No necesitamos pasar los límites de nuestra inocencia, los límites de nuestra virginidad. . Y el susurro se volvió a desvanecer en el silencio. Yo seguía teniendo parte de su cuerpo en mi mano. Volvió a leerme el pensamiento, cogiendo mi mano y devolviéndola a mi pecho, rodeándome con su brazo. Sentía su piel contra mi piel, sentía como sus dedos se movían rítmicamente sobre mi pecho. Su otro yo se coló entre mis piernas, siempre por fuera del slip. Sentía como se movía entre mis piernas, rozando mi slip en las zonas más intimas, en la zona más caliente. Yo creía que iba a explotar. Me sentía totalmente extasiado. Estaba lleno de placer y tenía que soltarlo, dejarlo ir. Sus movimientos se hicieron más rápidos. Mi otro yo asomaba por encima de mi slip, no cabía dentro de ellos. Quería tomar aire del calor producido en el infierno de mis piernas, por el prisionero que intentaba escapar de entre ellas. Su aliento se volvió entrecortado, suspirando sin ser oído. Noté fuego en mis piernas. Su volcán había explotado, haciendo explotar mi pasión en el mismo instante. Me quedé inmóvil, suspirando. Le costaba respirar. Me costaba respirar. Estábamos ahogados de placer. Su tacto seguía siendo mío, seguía estando en mi cuerpo. Su brazo rodeándome, su mano tocándome. Nos quedamos abrazados, uniendo el calor de nuestros cuerpos. No recuerdo el tiempo que estuvimos así, pero al final la soledad del sueño llegó a mi consciente, arrastrándolo a su mundo.

Cuando desperté, estaba solo. Muy solo. Sentía su presencia en la habitación, en mi cuerpo, pero estaba solo. Estaba más solo que nunca. Jamás volvimos a dormir juntos, jamás volvimos a hablar de ello. Todo empezó y terminó en mi cumpleaños, como único testigo, la pared invisible. Es un recuerdo, y a veces lo confundo con una fantasía. Pero es un recuerdo. El recuerdo de mi despertar.


video

1 comentario:

Stanley Kowalski dijo...

Me gustó mucho el texto. Algunas veces vale la pena sentirse más solo que nunca, después de haber vivido un momento tan intenso.
El video me pareció impactante, muy bueno.

Gracias por el comentario que me dejaste, siempre tan amoroso conmigo.


BESOTES Y BUEN FINDE!!!

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