y tú, ¿te atreves?

viernes, 24 de abril de 2009

La pared invisible


Parte I II III

Era una noche fría de Noviembre. Habría cuatro o cinco grados de temperatura. Me quité la ropa a toda prisa y me metí en la cama. Como siempre, solo me dejé puesto el slip. La cama estaba fría, muy fría. Iván empezaba a quitarse la ropa. Yo estaba mirando, observando todo lo que hacía. No pareció darse cuenta de ello. Primero se quitó los deportivos. Después se quitó la sudadera y la camiseta. Tenía un cuerpo fibroso, pero sin muchos músculos. Estaba en forma, pero no como los macizos que corren por ahí. Pero sí de los que me gustan, de los que sueño poder tocar algún día. Se sentó en la sillón que hay al pié de la cama, mirando sin mirar hacia donde yo estaba. Se quitaba los pantalones. Yo estaba atónito. Me parecía que lo hacía con demasiada pasión, sabiendo que es observado por alguien que lo desea, por alguien que lo contempla. Pero no le veía los ojos. No me miró en ningún momento. Solo se dejó el boxer. Un gran bulto quedaba patente bajo los boxer. La forma de su miembro se definía perfectamente debajo de los boxer. Era una imagen poco corriente. El tamaño era considerable, pero parecía estar sobre impresionado en los boxer. Estaba totalmente empalmado, al igual que yo. Fue un resorte en mis fantasías. No podía dejar de mirar, de observar su gran miembro. Se plantó delante de la cama, mirándome fijamente. No me había dado cuenta que me estaba mirando. Yo miraba otras cosas más interesantes de su cuerpo, imaginando su cuerpo desnudo, el tamaño de su miembro liberado de la prisión en sus boxers. Esto me dejó sin palabras, al tiempo que notaba como me ponía rojo de vergüenza. Sonrió y apagó la luz. Cuando me quise dar cuenta, ya se había metido en la cama, junto a mí. La luz estaba apagada, pero entraba bastante luz por la puerta abierta. Me levanté y cerré la puerta tan rápido como pude. No se porqué lo hice, pero lo hice.


Quedamos en la total oscuridad. Volví palpando con mis manos, buscando la cama. Sabía llegar perfectamente, pero era un acto reflejo. Noté como unas manos me cogían por las muñecas, dirigiendo mis manos hacia la cama. Me soltaron tan suavemente como me habían cogido. La cama ya no estaba tan fría. Había subido la temperatura, o al menos me lo parecía. Me tapé y me puse de lado, mirando la invisible pared en la oscuridad. Notaba su aliento cálido cerca de mi nuca. Lo sentía como un soplo de calor, un calor que encendía mi cuerpo por momentos. Moví las piernas hacia atrás lentamente, disimulando. Quería conocer la distancia de mi enemigo, de la persona que suspiraba detrás de mí. Estaba cerca, muy cerca. Me estaba empezando a poner nervioso, me estaba empezando a excitar, me estaba empezando a volver loco. Mil fantasías se cruzaban por mi mente, mil fantasías que desaparecieron cuando noté como sus manos se apoyaron en mi espalda. Las tenía calientes, más de lo normal. Estaban calientes por el tacto con otra parte de su cuerpo, estaba seguro. No sabía que hacer. Me quedé inmóvil, a la espera de su próximo movimiento. No tardó.

Noté su aliento más próximo, más cercano. Su mano me cogía por el hombro, y se había acercado más de lo que yo soñaba. Noté algo sobre mi slip, en la parte de mis nalgas. Algo se había apoyado, algo se movía, algo palpitaba. Antes de que pudiera articular palabra, escuché un susurro, un susurro junto a mi oído que me decía No te preocupes, lo sé y lo sabes. Nadie más tiene que saberlo. Sé que lo queremos los dos. Solo si quieres, solo si no quieres. Es tu sueño o es mi fantasía. Tú eliges. El susurro se desvaneció. Me quedé sin reacción. Estaba inmóvil, inmóvil por mis pensamientos. Dando vueltas y más vueltas sin saber que hacer, sin saber como hacerlo. Mis pensamientos pararon de súbito. Sus manos no estaban en mi espalda, se habían marchado por el frío de mi pasión. Notaba el vacío en mi espalda. Su aliento ya no daba calor a mi cuerpo, me estaba enfriando. Se había alejado de mí. Estaba en la otra parte del mundo, en el otro lado de la cama. No podía terminar así. Fuera su sueño o mi fantasía, daba igual. Hoy no terminaría en mi sueño, hoy no terminaría en su fantasía. Hoy sería realidad. Dejé de mirar la pared invisible y me di la vuelta, dispuesto a encontrarle al otro lado.

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