y tú, ¿te atreves?

jueves, 16 de abril de 2009

La pared invisible

PARTE I - II - III



- ¿Entonces duermo con Iván y Cristián con Jose?

Iván es el hermano mayor de mi amigo Cristián. Tiene la misma edad que mi hermano Jose, lo que viene a ser un año mayor que yo. Cristián era de mi edad, amigos inseparables desde que se mudaron a nuestro edificio, dos plantas más arriba. Se mudaron un par de meses después de mi cumpleaños, por Enero más o menos. Era el primer año que venían al campo para celebrar mi cumpleaños. En el campo disfrutábamos más. Jugábamos el uno con el otro. Me permitía tocarle, jugar al roce de su cuerpo sin levantar sospechas de mis verdaderos sentimientos por él. En verano era cuando más disfrutaba de su compañía. El agua casi siempre estaba presente en nuestros juegos. Lástima que no fuera verano.




Era la primera vez que sus padres venían al campo y se quedaban a pasar la noche. Habían venido más veces, pero hasta ese día nunca dormían en el campo. Entre unos y otros, éramos 14 personas, contando tíos y primos. Como hay tres habitaciones para los “niños”, por fuerza nos teníamos que repartir. Los cuatro primos en la habitación más grande, con dos literas. Nosotros cuatro, separados por parejas, en las habitaciones más pequeñas, con cama de matrimonio. Yo, hasta aquel día, dormía con Cristián. Me encantaba. Deseaba hacerle tantas cosas, pero nunca me atrevía. En ocasiones, despertábamos por la mañana y yo estaba dormido sobre su cuerpo. Mi cabeza apoyada en su pecho, con las manos en su piel . Sin quererlo, me quedaba dormido escuchando los latidos de su corazón.




- ¿Es que no lo habéis escuchado ya? Venga, a la cama. – Dijo su madre




Me gustaba imaginar que, una noche, nos atreviéramos a jugar con nuestros cuerpos, con nuestras dudas sobre el sexo. Explorar, tocar, probar nuevos sabores… sin tabúes y sin reparos. Sentir el roce de su cuerpo, el tacto de otra piel. Lo deseaba, y alguna noche se haría realidad. Hasta ese día, jamás paso nada entre nosotros. Jamás le conté lo que deseaba, lo que imaginaba. Tal vez ésta era la noche, pero ya no lo sabría. Por algún motivo, había cambiado el reparto. Me tocaba dormir con Iván. Esta noche no le vería desnudarse, quitarse la ropa frente a mí sin darse cuenta que lo deseo, que lo anhelo. Hoy no lo tendría tumbado a mi lado. No podría extender la mano y rozar su piel con mis dedos, imperceptible para sus sentidos dormidos pero abrumadores para mis sentidos ampliados. No dormiría escuchando el suave palpitar de su corazón. En la oscuridad de la noche, me pasaba horas mirándole sin verle. Su rostro era una sombra ante mí, pero podía ver cada detalle de sus ojos, de su sonrisa. Su imagen siempre estaba clara en mis pensamientos. Durante las horas que le observaba, imaginaba como abría sus ojos y me miraba. Mis ojos negros se volvieron espejos ante la luz de los suyos. Dos gotas de cielo azul sobre la oscuridad de la noche. Se aproximaba a mí, besándome muy suavemente, con una mezcla de pasión y amor. El dulzor de sus labios se mezcla con la acidez de mis lágrimas. Unas lágrimas llenas de amor prohibido, llenas de felicidad por ser parte en su vida. Pero esta noche no. Esta noche no.



- Vamos nano, pero no te mees en la cama o cobras – Se echó a reír.

Iván era todo un gracioso. Yo ya tenía edad para manchar las sábanas con otra cosa y él lo sabía, pero que más daba, no era lo que yo esperaba. Esa noche se convirtió en mi enemigo, alejándome de mis sueños, alejándome de la tranquilidad de las dos gotas de cielo en medio de la oscuridad. Esta noche, no podría intentar realizar un sueño. Esta noche, no le sonreiría cuando se acercara a la cama para acostarse junto a mí. Esta noche, sería como cualquier otra noche en mi soledad. O eso pensaba.

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